22 jul. 2010

Madres e hijas

El viernes pasado mi hermana estrenaba vestido haciendo juego con mi sobrina, antes de salir de casa, se miraron en el espejo y en voz alta pensó:"necesitamos un collar". Ni que decir tiene que sacó bolas, tanzas, cordones, agujas... y engarzó dos collares haciendo juego uno para ella y otro para mi sobrina, estaban guapísimas y mi sobrina con sus 3 años radiante, orgullosa de estar igual que su mamá complementos incluidos.






Marinero

Rojos, azules, blancos... al fin tengo un momento para subir nuevas fotos, la verdad que no me da tiempo a subirlos a artesanum, pero bueno ya sabéis si os interesa alguno sólo tenéis que decirlo y os enseñamos los que tengamos en ese momento o bien podemos hacer sobre los colores que necesitéis.

16 jul. 2010

¡¡¡Ganadoraaaaaaaaaaaaaaas!!!

Habla Hermana Mayor.
Ni la copa de Europa. Ni la del mundo. Ni la copa del mundo-mundial de Baloncesto. Ni Roland Garros, ni Wimbledon, ni nada que pueda compararse...
¡¡¡La Aguja Piruja ha ganado un sorteo del blog Margot Cosas de la Vida!!!
Uno de nuestros favoritos. Y mucho más desde este momento. Miles de gracias desde aquí, Margot. Desde que empecé a moverme por este mundillo he admirado tan suculento blog, no sólo lleno de fantásticas recetas (para aquellos a los que nos gusta cocinar y el resultado de cocinar), sino también completo en otros muchos aspectos: estético, solidario, divertido y lleno de imaginación.
Estoy de vacaciones desde hace un par de días, y esta mañana hubiera matado a quien se le ocurrió despertarme de un telefonazo. Sin embargo, Hermana Menor se ha salvado de la horca gracias la estupenda noticia con la que me ha dado los buenos días. La Aguja Piruja en chocolate. A ver quién no nos va a comer ahora.
Ha sido el primer sorteo ganado, nuestro primer premio -aunque por azar- a fin de cuentas, pero la verdad es que no podía haber sido mejor.
No dejéis de visitarlo, no os dejará indiferente.
http://margot-cosasdelavida.blogspot.com/
Otra vez, muchas gracias.

13 jul. 2010

Teddy el pequeño koala

Habla Hermana Mayor.
No sé si la idea partió de mi abuelo o si fue cosa de los Reyes Magos. El caso es que aquel año volví de casa de mis abuelos con "el cesto y la morte" que cada año me encantaba declarar en la frontera (en aquella época España estaba cerrada a cal y canto) y uno de los tesoros que marcaron mi infancia. Teddy el pequeño koala.
El destino había sido increíblemente generoso con mi hermana haciendo que fuese de su exclusiva propiedad Rosita Golosa, y aquellos maravillosos dibujos de escaparates de pastelerías ante los que Rosita se paraba toda abullonada en su vestido celeste. Después pondría igualmente en sus manos un hermoso poemario de Gloria Fuertes, el primero que vi en mi vida, y que incluía una delicia titulada "Don Pulpo, el artista arpista". Mis ojos de niña miraban aquellos libros con verdadera codicia, y un torrente de pasiones mezcladas aceleraba mi corazón cada vez que tropezaba con ellos. En defensa de mi hermana diré que nunca fue tacaña con sus libros, y que me los prestó casi siempre que se los pedí. Pero eso todos sabemos que, a veces, no es suficiente.

Sin embargo, las estrellas se alinearon y esta vez la suerte decidió ponerse de mi parte. No recuerdo qué recibió mi hermana esa vez, pero, desde luego, no estuvo ni por asomo a la altura de Teddy y de su cubierta naranja de cartón duro. La historia del libro era estremecedora. Bob, un niño australiano, tenía que asistir por primer año al internado inglés en el que sus padres lo habían matriculado (bien claro se ve que mi familia se preocupaba por inculcarme desde muy niña una sólida conciencia de igualdad de clases). El pobre Bob no tenía demasiadas ganas de cruzarse medio mundo con una maletita de cuadros verdes y amarillos que sólo con verla ya le hubiera hecho saltar las lágrimas al mismísimo Dickens, pero contaba, gracias a Dios, con la compañía de un koalita que había caído un día en la mesa del desayuno: el pequeño Teddy, aficionado a la naranjada y, cómo no, a las hojas de eucaliptus. La travesía fue fantástica para los dos, y a mí me mantuvo extasiada durante muchas horas, en las que contemplaba las gafas triangulares de los turistas que ofrecían chucherías al koala, mientras mi estómago tocaba un minué por esas chucherías. Ya en Inglaterra el pobre Teddy languidece hasta la enfermedad, aunque los compañeros de clase de Bob se muestran muy considerados con él. Tiene frío y lo hastía la lluvia, y gracias a la intervención del profesor de ciencias (chaleco amarillo, corbata morada, qué fascinación), se salva de una muerte segura volviendo a Australia. Y llegamos así al más maravilloso dibujo que haya salido nunca de manos humanas. Nada, absolutamente nada de lo que he visto después en cualquier museo, ha producido en mí la fascinación de aquella lámina con el aeropuerto al fondo, los aviones despegando y aterrizando al tiempo como en una película de guerra, las banderas indescifrables ondeando multicolores, y aquellos dos pilotos de piernas desmesuradas y cazadoras de cuero que orientaban sus gorras hacia la triste figura del koala enfermo. Teddy volvió a Australia, con su madre y sus hermanos, y fue feliz de nuevo en su entorno (al menos la historia tenía un punto ecológico, mireusté). El libro se cierra con Teddy subido al eucaliptus y acompañado de su familia, oteando el horizonte con un catalejos en el que aparece dibujado el barco que trae a Bob de vuelta. Conmovedor, sólo de recordarlo ahora se me caen los lagrimones sobre el teclado.

He intentado compartir a veces este tesoro de infancia con mis hijos. Sin embargo ellos no ven a Teddy sino como un libro más. Un libro que, además, huele a viejo y está un poco roto, amarillento, pintarrajeado y desencuadernado. Teddy no es para ellos -como lo fue para mí- la más hermosa de las historias. Y es cierto que este descubrimiento al principio me hizo entristecer un poco. Qué absurdo. Pero qué controladoras somos las madres. Con qué ligereza queremos hacer repetir a nuestros hijos nuestra misma experiencia vital.
Todo es más fácil que eso. Simplemente tengo que sentarme a esperar. Me encantará el día en el que mis hijos puedan contarme cuál fue la primera pasión de su vida.

9 jul. 2010

El chico del verano

Habla Hermana Mayor.
¿Y tú por qué vas a clase de francés? La pregunta suena a algo así como "y tú por qué llevas esa gola almidonada alrededor del cuello". Con esa flema que, desde luego no ha heredado de mí, mi hijo mayor responde, "es que mi madre es una afrancesada". Afrancesada o no, el caso es que a su madre se le ha metido en la cabeza que su descendencia sea competente (qué bien me ha quedado) en dos o tres lenguas además de la materna, es decir, la de una servidora, o la Caña de España, con un buen par de "eñes". De momento, español, inglés y francés, y después Dios dirá, que la madre propone y Dios te manda de Erasmus a Polonia. Así que, además del inglés del cole -con el que estoy muy satisfecha, que no veas cómo ha cambiado la enseñanza de idiomas en el ámbito escolar desde que yo era niña hasta ahora- a clase de franchute un par de horitas a la semana. ¡Y qué barbaridad cómo se progresa a esas edades!

Campus o no campus, he ahí la cuestión.
Mamá, que no quiero hacer más vasitos de yogur convertidos en maceta con floripondio de papel con tallo de pinchito de pollo y rellenito de arena. Lo comprendo, que no hace falta hacer un sobreesfuerzo imaginativo para ponerse en el lugar de la criatura. Este año, cambio de idea. Vamos a buscar una profe de inglés y deportes que os acompañe durante la mañana, que os hable en inglés y que os agote lo suficiente como para que pidáis a gritos piedad y una buena siesta. La arriba firmante, tradicional ella y acostumbrada a los usos canguriles del lugar, no se planteó nunca que el sexo del profe pudiera ser otro que el femenino. Pero el destino lo puso a Él en nuestro camino. Sé que es difícil de creer que en nuestra ciudad, medianita, meridional y tradicional, pudiéramos encontrar un tesoro de tan grandes cualidades. Aquí, en este culombligo del mundo, ¡un surfero de Honolulú! Cosas del destino, oyes. El caso es que me impresionó la paciencia del chico, y me pareció una inmensa suerte que estuviera, por las vueltas que da la vida, recién mudado a nuestra tierra, sin trabajo y con idea de permanencia. Puedo entender que para poca gente el trabajo ideal consista en bregar con hijos ajenos, pero siempre es una forma de empezar a trabajar, y un camino nuevo suele estar lleno de desviaciones: un trabajo pluf te puede llevar a otro mejor. Así que hablé con él, y me gustó ese giro tan inglés con el que me respondió "soy bueno con niños". "Te pega", pensé para mis adentros. Después, tuve la suerte de conocer a su mujer. Me encantaron ambos, y confiada, le dejé a mis hijos.
Y fue así como los niños alcanzaron el Nirvana de las mañanas estivales.

El primer día. Madre-tía en el trabajo:
¡Dios mío! Qué estará pasando. ¿Traería la sierra eléctrica descuartizacríos en la mochila?... a lo mejor se le ha olvidado el cargador en EEUU, o no es compatible con los enchufes de aquí, o con los hercios, o sabe Dios. Mira que si se distrae lo suficiente como para que tenga que venir el CSI a sacar a los niños de la piscina. Y si no les presta atención, se resbalan y se rompen la columna. ¿Sabrá sacar gormitis atascados en plena tráquea? Pánico, ¿y si a los niños no les gusta él?, o peor aún ¿y si a él no le gustan nuestros niños? No veas todo lo que estira una jornada laboral para una madre que se ha salido de su rutina y que se encuentra a varios kilómetros de sus hijos. Por cierto, ¿quién ha dicho ohhhhhhhhh por aquí?

El primer día. Profe y niños en la piscina:
Paciencia, tranquilidad, savoir faire, muchos juegos y carreras, papeles y lápices para trabajar el inglés, niños cuidados y equipados. Pequeñines encantados. Hijo mayor alucinando y ¡¡¡Hablando inglés!!!... ¿Por qué dejo que salten las alarmas y me convierto en una madre histérica como (casi) todas? Los niños siempre se adaptan y disfrutan de manera mucho más relajada que los adultos. Y, desde luego, mucho más si hay agua por medio.
¿He dicho agua? ¡Al agua patos! De repente un ohhhhhhhhh sordo se extiende por la piscina, y empiezan a caer madres al suelo como si hubieran fumigado con "Raid matapijas", se ve sacar pecho y meter tripa a las jovencitas cuidadoras y a la chica del chiringuito se le cae una bandeja entera de vasos limpios (limpios ya, también es mala suerte). ¿Qué me he perdido? Ah, sí, es que el Chico del verano se ha quitado la camiseta (si llego a saber que el surf da para tanto me meto a hacer surf a los dieciséis, lo juro, aunque hubiera tenido que empezar con la tabla de la plancha). En esa triste piscina, desde entonces, no se habla de otra cosa, tanto que le van a llover ofertas.

Conclusión:
No puedo estar más agradecida. Llevamos ya dos semanas, y los niños están como locos. Quieren adoptar al Chico del verano, al que los tres llaman "mi guiri", así, con propiedad y desparpajo. Mi sobrino, que ocupa el lugar del medio en el escalafón de las edades, se pasa las mañanas abrazado a sus piernas, como si de un almonteño aferrado en una nube de fervor incondicional al paso de la Blanca Paloma se tratara. La hija menor salta por el pasillo mientras grita su nombre. El hijo mayor aprende, aprende, aprende y voy a terminar poniéndome celosa porque creo que lo quiere más que a mí. Todos los días, a eso de las dos, se oyen toda suerte de lamentos del tipo "please, don't go".

Y a mí me gustaría que encontrase un trabajo fantástico, aunque eso significase la desperación de mis hijos. De verdad, se lo merece.

7 jul. 2010

Collares

Como siempre, ya voy con retraso. Tengo una bolsa junto a mí con un montón de collares para hacerles fotos y alguna otra cosilla, pero no hay forma de ir al día, aunque yo sigo con mi empeño. Por lo pronto os dejo fotos de un par de collares esperando que en el fin de semana que ya se acerca pueda dar un empujón a todo lo pendiente.



Tres cartesianos y una juglar

Habla Hermana Mayor.
Como suele pasarle a muchos miembros de la especie humana, a mí me llegó un día el momento de sentar la cabeza y encontrar pareja. No estaba dispuesta a ponérselo fácil a ningún candidato y pensé hacerme con un arco más bien recio con el que los sufridos postulantes pudieran mostrar sus habilidades. Por desgracia, resulta que hacerse con un arco para una estudiante se va ligeramente de presupuesto, por lo que me decidí a preparar un cuestionario tipo selectividaddeañoduro con el que machacar al desafortunado valiente en cuestión. ¿Que me invitas a una cerveza dices?, a ver si eres capaz de decirme antes qué es un palíndromo, quién es Marvin Harris o de qué color llevaba los calzoncillos Hernando Colón. ¿Que no sabes?, pues nada, a los cocodrilos, que no estoy yo para perder tiempo. Y caían, pobrecitos, como moscas vencidas bajo el peso de las Humanidades. Y mientras el reloj biológico haciendo tic-tac, tic-tac. Y la madre de una poniéndole velas a San Antonio. Y una en sus trece, resistiendo el huracán y decidida a luchar hasta el final por sus principios.

Y así las cosas apareció Él. A la primera me di cuenta de que tenía unos brazos capaces de cargarse el arco de un pampli (que una será listilla pero no panoli, y que no sólo de metáforas vive la mujer), y de que era guapo, y alto, pero también de que tenía una pinta de llevar la carpeta llena de fórmulas y teoremas que ya de lejos daba susto. De ciencias, fijo, a éste me lo meriendo yo de un bocaíto. Eh, tú, el guapito, ¿te dice algo "metonimia"? Touché, pensaba yo mientras me iba a saborear las mieles de la victoria. El todo por la parte, o la parte por el todo, oí a mis espaldas, ¿y tú podrías decirme por qué no se caen los techos?. En tol bebe. Donde dice "touché", debe decir "touchée". El que sí que sabe de arcos es el Cupido ése. Y con solo un disparito, oyes. Me lanzó un vector (que ese día me enteré de que se llamaban así, y de por qué no se caían los techos, y los aviones mismos, y lo que tú me cuentes guapo) y hasta la presente.

Hace ocho años y pico servidora hizo su primera incursión al paritorio. Borracha de hormonas y de sabe Dios qué más, mientras cumplía con la Naturaleza en 10 minutos, henchida de ternura y amor materno al mirar aquel hatillo de su propio ADN, alcanzó a decirle al del arco (entre otras muchas linduras, propias de la situación): "será poeta". Poeta, sí, y su madre profeta, que estaba escrito. Antes de andar y hablar el angelito hacía raíces cuadradas. Dos a uno en casa. Y aunque la liga cartesiana tomaba fuerza, yo no me decidía a aceptar la derrota hasta aquel día terrible en que al Ratón Pérez se le ocurrió cambiar el primer diente caído de nuestro hijo por una cometa. Que también son ideas las del ratoncito. Mamá, dime la verdad, ¿a que tú eres el ratón ése?... ¿Por qué dices una cosa así precioso? El ratoncito Pérez viene haciendo lo mismo desde el principio de los tiempos y... Mamá, piensa un poco. Primero: por dónde ha entrado ese ratón. Segundo: cómo ha hecho para traer una cometa mucho más grande que él. Y tercero: para qué quiere ese tipo un montón de dientes caídos a los niños... Llegados a este punto se admiten sugerencias. Ni Verne hubiera sido capaz de meter un poco de fantasía en ese cráneo.

Karma y Dharma, pensé yo hace poco más de tres años en mi segunda visita al paritorio. Esta vez con la boca bien cerradita, para no poner a los Hados en mi contra. La Madre Dea me regala ahora una hija a mi medida, o a mi imagen y semejanza, o pa mí solita, para que la gane para la causa perdida de las letras de mi hogar. Me ocuparé de meter, debajo de esa complicada red de lazos y horquillitas que lleva mi princesa en su cabeza, todo tipo de fantasías y despropósitos, para hacer de ella una Lord Byron del siglo XXI, una abanderada de la palabra capaz de bañarse en los versos más hermosos, como una Popea letrada y contemporánea. Y así la llamé, que su nombre no significa otra cosa que "la Sabihondilla" (o Sabiondilla, a elegir). Y yo tan feliz, y convencida, abonando esa cabeza con cualquier disparate quijotesco que se me ocurriera, manteniendo a la hermosa Durmiente lejos del huso y del uso de las Matemáticas. Esto así hasta que el domingo pasado, jugando en la calle con una amiga del alma de ésas que se acaban de conocer y que era un par de años mayor que ella, se me acercó y me dijo: "mamá, el año que viene yo tendré un año menos del que mi amiga tiene ahora".

Bandera blanca. Tal vez en septiembre me matricule en Física.



5 jul. 2010

Tecnologías

Habla Hermana Mayor.
Un tirachinas, por ejemplo. Eso es una cosa que puedo entender cómo funciona. Lo puedo coger cuidadosamente con una mano mientras con la otra me rasco la cabeza parsimoniosamente, girarlo a uno y otro lado, hacer un par de experimentos -incluyendo latigazo de la goma en los dedos- y, de repente, sentir como mi tejido neuronal grita "Eureka" sin ninguna reticencia, completamente vencido y convencido.
En ésas estamos. Y en esas estábamos cuando a mi jefa, hace ya tiempo, le dio la ventolera de la tecnología. "Aquí todos tenemos que ponernos las pilas o nos quedamos fuera del mercado". Al principio pensamos que se le pasaría, pero resulta que la cosa, lejos de aplacarse ha ido a más. Y a más todavía.

YO: Mira que yo a lo que aspiro es a ama de casa, con unas horitas aquí, para distraerme y no quedarme fuera del mercado laboral.

LA QUE MANDA: Si quieres ser ama de casa lo haces a jornada completa, y para entretenerte te enganchas a un culebrón, que aquí se viene a lo que se viene.

Y a lo que se iba resulta que era a ponerse al día en tecnologías. TIC, como las llama ella, y que es precisamente lo que me daba a mí cada vez que ella volvía a la carga.
Resulta que yo con ella tengo, desde hace años, una relación de amor-odio. Lo de odio, más bien folklórico, porque ella manda, y encima manda que yo trabaje, y porque además es la jefa. Lo de amor, mucho más serio, porque me cae bien hasta los lunes (cosa que ya es difícil y que supone un duro ejercicio de crecimiento interior por mi parte), y porque en mis primeros años fue mi maestra, mi mentora y una gran compañera que me enseñó la gran mayoría de lo que sé.
Así que ésas teníamos cuando me vi en una nueva disyuntiva: o gana lo del odio y me largan, o gana lo del amor, y lo de maestra y mentora, y me dejo arrastrar con ella por el huracán de las TIC (¡huy, ya me ha dado otro!).
La tinta que yo he sudado daba para una fábrica de "Bic". Y, para más inri (a mí, que soy de latines, meterme en éstas) resulta que cuando una se actualizaba en la última maravilla, la cosa se había quedado obsoleta, y ya, además de audio, teníamos vídeo. Muérete. Y todo me cambiaba, y me cambiaban esas letras (siglas del inglés), palabras mágicas de una extraña religión, con las que los gurús de los nuevos medios gustan de llamar a sus retoños, bien acompañados siempre de un buen punto y una cifrita. Más liada que la pata de un romano, mire usted, pero perseverante, porque la opción culebrón no tiraba mucho.

Y ahora resulta que mi Hermana Menor quiere que, además de con collares y otras baratijas, le demos vida al "blog" con estos "post" (¡Dios mío, cómo hablo, en lo que me he convertido ya!) a ver si aumentamos visitas y seguidores. Y que, entre la una y la otra, aquí la que escribe se ha enganchando a esto de las TIC sin que le dé nada para el cuerpo. Y es que más de uno de los que comparte curro conmigo no se lo va a creer. Y también habrá quien no sepa leerlo. Decidido, a ése mañana le regalo el tirachinas.

4 jul. 2010

Nuevos amigos

Habla Hermana Mayor.
Nunca he tenido muchos amigos. Amigos-amigos, quiero decir, porque no me cuesta trabajo relacionarme con el prójimo, pero me parece que llamar amigo a alguien es algo que va más allá de la afinidad y la simpatía, la diversión, las salidas nocturnas, la proximidad o el tiendeo... En mi época de estudiante los grupos eran amplísimos y mutaban mucho, aunque entre ellos había siempre una pequeña selección gourmet de la que no se podía prescindir. Al terminar los estudios empezó la diáspora de amigos (es lo que tienen las letras), y un poco más tarde las abducciones de pareja o familiares. Mantengo a los pocos que sobrevivieron a todo aquello, pero en la mayoría de los casos nuestra relación se ha reducido al canal epistolar y a uno o dos encuentros anuales de los que disfruto como la estudiante que ya no soy.
Siendo purista con el rollo etimológico (amigo: ad-mecum, o lo que es lo mismo, el que va conmigo por esos mundos de Dios) he de confesar que me queda UNA en esta vida. Pero una que vale por todos los demás. En ella tengo un ángel de la guarda, mi hada madrina, una curandera del alma y del cuerpo, una conversadora afín, un paño de lágrimas o un ente gimiente (se alternan los roles según necesidades del mercado), alguien con quien achisparte chispeante de champán color champán (o color rosita, que también mi amiga es algo Barbbie), una madre gruñona, una hija díscola, una Hermana Mayor (¿qué pasa? a veces yo también necesito una) y un montón de cosas más que no cabrían aquí.
La ciudad en la que vivo no fomenta precisamente las relaciones sociales profundas. Mis conciudadanos son alegres, abiertos y divertidos. Te hacen reír y saben divertirse. Sin embargo mantienen cerradas sus parcelas sociales, se olvidan de ti y de tu teléfono en cuanto te has despedido de ellos, y en cada encuentro uno tiene la sensación de empezar desde el principio y de tener que conquistar todo el terreno que había avanzado en el encuentro anterior. El velo de Penélope, vamos. Es por eso que UNA y el resto de mis amigos en su mayoría (he dicho que tenía pocos pero algunos hay) sean tan forasteros como yo en este pequeño mundo.
Pero, de repente ¡Tachán! hete aquí que se han ampliado las relaciones. De manera inesperada mi hijo mayor me ha traído a unos amigos a casa. ¿Y qué hago yo con todos estos tacos encima jugando a La Guerra de las Galaxias o Código Lioko en mis pocas horas libres?... Digamos que exactamente no es así: mi hijo mayor me ha traído a casa a unos amigos que viene acompañados de madres-padres. Huy, con esto yo no contaba, y he de confesar que egoístamente la idea me atrajo al principio por aquello de: "dime con quién andas y te diré quién eres", pero de manera un poco más retorcida: si conozco a papá y mamá sabré quién es el amigo de mi hijo. Yo lo he reconocido, pero... ¿quién no lo haría?. Y así empezamos a vernos, de nuevo una selección gourmet, pero en este caso hecha por nuestros vástagos: una actuación escolar y la cervecita de después, un cumpleaños, muchas esperas compartidas a la hora de la salida, por favor llévatelo a comer que hoy no puedo, barbacoa-ensayo de algo importantísimo... El caso es que hemos ido congeniando, y tengo que reconocer que estoy contenta, y que no se trata solamente de la felicidad egoísta de saber que mi hijo está entre otros hijos que importan tanto a sus padres como el nuestro a nosotros, que son sanos, nobles, llenos de inquietudes y buenos chicos, sino que además se ha derretido mi reticencia y se ha ampliado el círculo de amigos. Y, por cierto, que lo mejor de salir de marcha con padres es que apuran hasta el último segundo de su comprada libertad. Un beso a todos, trasnochadores y malos ejemplos de vuestra descendencia.

1 jul. 2010

Más collares

Lo prometido subo otras cuantas fotos.... y mañana más.







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